domingo, 6 de marzo de 2016

Diario de Peatón Entrada No. 6: Café





Desde que era pequeña me gustaba el café. Me acuerdo cuando estaba en elemental mami y yo íbamos a casa de Titi Aida por la tarde y bebíamos café con ella, lo colaba en media. No pantimedia, lol, pero en la tela blanca que venden para colar café. Sabia riquísimo. Era una rutina. Cuando me mude de casa, lo hacía en greca, lo compro Bustelo (no me odien) pero pronto compraré El Lareño que sabe delicioso.  

Mi rutina de inspiración para escribir es usualmente un café negro y un cigarrillo. Corrección, varios cafés negros y varios cigarrillos. Se lo placentero que es beberse un café y fumarse un cigarrillo y ya es casi costumbre entre algunas amistades y el título de una de mis películas favoritas de Jim Jarmusch.



¿A qué viene todo esto? Pues, para los que no lo saben – ya que hace tiempo no escribo un divino ni de Diario de Peatón ni de nada – comencé a estudiar Cinematografía Digital en el Liceo de Arte y Tecnología. Es un instituto técnico que está en la Ponce de León, al lado de la Politécnica.

Desde luego, si voy a estudiar, necesito café. Ya me estaba cansando de hacerlo en casa porque lamentablemente, me estaba sabiendo a malta caliente, agua de piringa – un café mejor conocido por “Café Americano”. Y cerca de donde estudio, además de estar Barista Squared de AEELA, frente al Pavía había otro. Era más pequeño y acogedor que el anterior e iba a comprar café todos los días desde que empecé a estudiar en Agosto.

Era una rutina que también algunos de mis profesores compartían. Pedía un café de 10oz con dos cucharadas de azúcar morena. Ya era una clienta frecuente, tanto es así que Héctor, uno de los baristas lo tenía listo cuando nos veía llegar, porque sabía que nuestro break para comer es de 20 minutos. Está de más decir que se sentía súper cool que ya estuviera mi café ready esperándome cuando llegaba a la tienda.

Hablo de “era”, “iba”, “sentía” porque, en febrero lo cerraron. Pensaba en caminar del Liceo hasta AEELA para comprar mi café y cuando llegaba tarde a la escuela pasaba por allí temprano, pero no era lo mismo. No era la misma gente. No se sentía igual y pare de ir. Ni siquiera uno de mis profesores de Cine se tira la “longa”.  

Par de semanas atrás estaba caminando hacia casa y vi a Héctor y Carlos, otro de los baristas, hablando con un señor dentro del local que le pertenecía a Barista Squared. El sitio estaba vacío y había máquinas de café nuevas color rojo, bien bonitas. Parece que van a abrir otro café allí. Se llamara La Taza de Iche y cuando entre Carlos me dio un pin. *Ting*


Tal parece que después de todo no tendré que pensar que tengo que caminar mucho y que pronto en La Taza de Iche voy a poder disfrutar de mi medicina mañanera y de el mismo servicio que recibí el año pasado. Es bueno ver como los esfuerzos por empezar de nuevo se forman.

Hasta el próximo diario, buen provecho. 


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