Desde que era pequeña me gustaba el café.
Me acuerdo cuando estaba en elemental mami y yo íbamos a casa de Titi Aida por
la tarde y bebíamos café con ella, lo colaba en media. No pantimedia, lol, pero
en la tela blanca que venden para colar café. Sabia riquísimo. Era una rutina.
Cuando me mude de casa, lo hacía en greca, lo compro Bustelo (no me odien) pero
pronto compraré El Lareño que sabe delicioso.
Mi rutina
de inspiración para escribir es usualmente un café negro y un cigarrillo. Corrección,
varios cafés negros y varios cigarrillos. Se lo placentero
que es beberse un café y fumarse un cigarrillo y ya es casi costumbre entre
algunas amistades y el título de una de mis películas favoritas de Jim Jarmusch.
¿A qué
viene todo esto? Pues, para los que no lo saben – ya que hace tiempo no escribo
un divino ni de Diario de Peatón ni de nada – comencé a estudiar Cinematografía
Digital en el Liceo de Arte y Tecnología. Es un instituto técnico que está en
la Ponce de León, al lado de la Politécnica.
Desde luego, si voy a estudiar, necesito café. Ya me estaba cansando de hacerlo en casa porque lamentablemente, me estaba sabiendo a malta caliente, agua de piringa – un café mejor conocido por “Café Americano”. Y cerca de donde estudio, además de estar Barista Squared de AEELA, frente al Pavía había otro. Era más pequeño y acogedor que el anterior e iba a comprar café todos los días desde que empecé a estudiar en Agosto.
Era una
rutina que también algunos de mis profesores compartían. Pedía un café de 10oz
con dos cucharadas de azúcar morena. Ya era una clienta frecuente, tanto es así
que Héctor, uno de los baristas lo tenía listo cuando nos veía llegar, porque sabía
que nuestro break para comer es de 20 minutos. Está de más decir que se sentía
súper cool que ya estuviera mi café ready esperándome cuando llegaba a la
tienda.
Hablo de “era”,
“iba”, “sentía” porque, en febrero lo cerraron. Pensaba en caminar del Liceo
hasta AEELA para comprar mi café y cuando llegaba tarde a la escuela pasaba por
allí temprano, pero no era lo mismo. No era la misma gente. No se sentía igual
y pare de ir. Ni siquiera uno de mis profesores de Cine se tira la “longa”.
Par de
semanas atrás estaba caminando hacia casa y vi a Héctor y Carlos, otro de los
baristas, hablando con un señor dentro del local que le pertenecía a Barista
Squared. El sitio estaba vacío y había máquinas de café nuevas color rojo, bien
bonitas. Parece que van a abrir otro café allí. Se llamara La Taza de Iche y
cuando entre Carlos me dio un pin. *Ting*
Tal parece que después de todo no tendré que pensar que tengo que caminar mucho y
que pronto en La Taza de Iche voy a poder disfrutar de mi medicina mañanera y
de el mismo servicio que recibí el año pasado. Es bueno
ver como los esfuerzos por empezar de nuevo se forman.
Hasta el próximo
diario, buen provecho.


