Sudor, forcejeo, brincos, bailes
frenéticos sin ritmo ni razón sólo porque si, es una buena manera de definir la
experiencia de bailar en El Local. Un sitio que sigue siendo el lugar donde
muchas bandas se presentan y el 2 de enero en una noche con nubes pasajeras, más
de 100 personas se dieron cita para escuchar a Future Punx (de
Brooklyn, NY) Dada Berlín, Rebecca Kill, Nosotro y José
Daniel.
Para el que no
haya ido - y quiera saber cómo se siente el estar allí- hay que decirles que es
una experiencia salvaje el llegar al cuarto donde tocan las bandas. Se
convierte en un workout definitivo y obligado. Hay que empujar y el no
"flaquear" es la mejor opción. Asumía mi posición de bloqueo mientras
Pequeña Vera (vocalista de Dada Berlín) estuvo reencarnando a su ídolo Nina
Hagen y temblaba sus caderas a lo Iris Chacón al interpretar su repertorio y el
público estaba tan pompiao que no pudo negarse el moverse con su coreografía
sin sentido.
Pero, más allá de
eso, en estos días - cuando vamos a estos shows - es fácil no saber cuál es la
atracción principal - si es el jangueo y consumismo de cerveza y bebida (entre
otras cosas), la decadencia o el amor a la música solo porque sí. Ya no sabría
decir que es lo que importa más si la decadencia o el arte, tal parece que
muchas veces bailan juntos. Y si los dos bailan juntos, sudando, forcejeando y
amándose - al igual que los clientes frecuentes que apoyan la economía de
Santurce yendo a El Local - ¿En algún momento se unen para convertirse en uno?
¿El arte y la decadencia son pareja? Si es así ¿Desde cuándo? ¿Por qué? Y
más importante, ¿Cuánto tiempo durará esta unión bohemia? ¿Será pacífica o
conflictiva?
Entretanto estas
preguntas corrían por mi cabeza- impulsadas por una dieta de cafeína y
cigarrillos - todos allí seguíamos como sardinas en lata, entre más sudor, más
forcejeos, brincos y bailes frenéticos. Sin embargo, dentro de todo este sinfín
de emociones cruzadas, estuve allí parada en el marco de la puerta escuchando
canciones que ahora no recuerdo en su totalidad, pero algo persiste fue salvaje
y lo sobrevivimos.
Y mientras pensaba
en las lesiones que se pudieron haber hecho estos chicos, las botellas tiradas
en el piso, los baches de agua que posiblemente estaban cerca de algún receptor
eléctrico y lo apiñados que estuvieron los allí presentes, se me hizo más que
evidente que mi única razón por estar allí fue por ver estos intérpretes. Para
escuchar de cerca, para sentir su música, verlos sudar gritar, demostrarnos de
la mejor manera en que pueden su talento, su destino y su humanidad. Y además
me di el break de practicar el famoso "Para que no me cuenten..." y
evitar lamentar el no haber ido.
A continuación pueden escuchar algunos tracks de lo que Future Punx y Dada Berlin tocaron esa noche.

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