Siempre quise vivir en San Juan. Me acuerdo que los fines de semana mami, abuela y yo viajábamos religiosamente de Manatí a Plaza Las Américas. El "tu vienes por aquí / yo cojo por allá" del corre y corre constante que veía cuando estaba allí, me daba una adrenalina que me hacía pensar que algo más emocionante estaba ocurriendo en San Juan. Algo que a mi pueblo de crianza le faltaba. Más trabajos, más gente, más carros. Visto desde un mapa se puede decir que este municipio de la isla del encanto (en comparación con otros como Ponce o Arecibo) es más pequeño, a San Juan se le ha dado la responsabilidad de representar a Puerto Rico como su capital. Por eso creo que al igual que la isla de Puerto Rico, San Juan es un "Melting Pot" por la variedad de ciudadanos que llueve en sus calles, residencias, restaurantes y locales. La mayoría tienen carros, Vespa, motoras o bicicletas. Estos son condcutores.
Algunos no tenemos estos medios, nos llamamos peatones. Uno de esos peatones soy yo.
Saludos, mi nombre es Zylia Zoé. Dependo de un buen par de piernas y pies para moverme y del transporte público del Area Metro - las guaguas de la AMA (Autoridad Metropolitana de Autobuses) o los servicios del Tren Urbano.
Al pasar del tiempo he encontrado gran goce en caminar. Aunque, el peatón es como una especie en extinción, por que ya el mover los pies para llegar de punto A a punto B se ha convertido en algo passe y obsoleto con los avances de tránsito. Desde que la prisa se encargó de montarnos en un carro, caminar para hacer gestiones sencillas parece una tarea tediosa para la mayoría.
A temprana edad noté la importancia de tener un carro, pero al tener 24 años- 1 año antes de mudarme a Santurce - percibí el área urbana de Manatí bastante accesible para peatonear y no necesitaba un carro. A menos de que quisiera ir a las playas como; Los Tubos, Mar Chiquita o La Poza de las mujeres. Ahí si te digo yo, que si no vives cerca de la costa, montate con un pana pa' caerle.
Tiempo después me mudé a Santurce y aunque vea la necesidad de carro, me resuelvo- como pueda, con lo que pueda, cuando lo tenga y como lo tenga -con tal de cumplir con mi To-Do List diario.
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Lo malo y lo bueno de guiar...
De conversaciones con amistades y conocidos he notado que tener un carro tiene sus momentos de puro hastío. Tapones, accidentes, reparos al motor y darle mantenimiento requiere tiempo y dinero. Además, conducir implica tener que soportar ruidos violentos como gritos de conductor a conductor, cortes de pastelillo (cuando un carro se pasa al frente de otro sin poner la señal para pedir el paso) y esperar a que dos conductores terminen una conversación innecesaria mientras obstaculizan el paso en una calle. Un acto que lleva a cualquier ser humano a pensar '¡Que cojones!', seguido por varios bocinazos, un click o movimiento de manigueta al bajar el cristal para gritar, '¡Parqueate para hablar, puñeta!'
La ansiedad que estremece la mente al estar detrás de un guía es extenuante. Tan extenuante que uno llega a su casa a sentarse al frente del televisor a ver cualquier porquería de programa insípido que estén transmitiendo en algún canal para no pensar y despejar la mente.
Tener carro tiene sus altas y sus bajas por que, para moverse por ahí, se cojen atajos para llegar rápido a los sitios y si hay una comprensión de logística de como llegar a donde se tiene que ir, 'chacho, ¡móntate!
Lo malo y lo bueno de caminar...
Esto es lo que pasa al ser peatón. Una de las cosas que más saca por el techo es tener que esperar largas horas en una parada de guagua. Tal vez ése día los conductores de la AMA se fueron en paro y no todos se enteraron a tiempo. Así que hay que caminar con prisa a buscar una pisa-y-corre, y si tiene efectivo, ganaste. Sino la honestidad se pone en tela de juicio, pensando que hay que inventar un cuento triste y sacar los violines para que te dejen entrar a la guagua.
Pero, ser peatón está cool fíjate. Lo malo es cruzar la calle dónde hay un cruce para peatones pero no hay un semáforo. Puedo extender el brazo con la mano abierta- una señal de "Pare" sin letrero -y hay algunos conductores que están tan envueltos en su mundo de hojalata que no lo notan. ¡Aunque saque la mano para que se detengan! Muchos bajan la velocidad y se ve, otros la bajan muy poco y algunos aceleran. Esto causa un gran estresor para mí. Además de los bocinazos y piropos patéticos e innecesarios que me ponen super nerviosa. Pero peatonear tiene sus ventajas; nos convertimos independientes dentro de la dependencia de la transportación pública, por que conocemos de rabo a cabo las rutas, paradas, calles y recobecos dónde se conducen estas guaguas, aunque nuestro tiempo y agenda dependa de los cambios de ruta (que no se notifican al público) y el humor o malhumor del conductor.
No obstante, el caminar nos da el provecho de conocer gente nueva que son invisibles para nosotros en el trajín de la prisa. ¡Hay que andar con calma y ser sociable! :)
En mis caminatas en la Ave. Fernandez Juncos, he tenido el placer de conocer a Rafael. Un deambulante que duerme en la parada al frente de Bangkok y Bombai en esa misma avenida. Si le saludas te da las gracias de manera simpática aunque esté "Mal, mal, muy mal."
Estas experiencias me inspiran a transitar en mis "dodge patitas". Por eso es que yo, respiro profundo y camino. Un buen par de piernas y pies, no los subestimo y menos cuando tengo el ánimo de llegar temprano a una parada. Ah, y ese momento- cuando el universo está a mi favor y por gracia divina llega la guagua al mismo tiempo que llego allí. Que alivio, cuando puedo sentir que el rayito de sol en la nube brilla para mí ése día. Y aunque lo que tenga sea $5.00 en mi bolsillo, me siento como un millón de pesos. Escucho música, me voy en un viaje imaginándome un vídeo de una canción favorita - "Al Final (Tu Tu Tum Pra)" por Los Nadie para darles una idea. Ahí es cuando de repente un día aburridísimo en Puerto Rico resulta en una aventura romántica y musical.
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Pero nada, nos vemos en la parada de la Ponce de León frente al Centro de Bellas Artes. Allí podemos hablar apasionada y ambiciosamente de como pensamos cambiar el mundo, empezando por Puerto Rico entretanto esperamos nuestro carruaje. Eso sí, no podemos cambiar al conductor y como se sienta en su día de trabajo. Esto se puede cambiar un poco, con un saludo y un gracias acompañado de una sonrisa - al insertar la tarjeta o el dinero en la máquina de la entrada. Así se empieza una cadena de situaciones agradables y más chéveres que un anuncio de Coca-Cola.
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